Por DAVID RISING y SAM METZ
BANGKOK (AP) — Con un grupo de ataque de portaaviones estadounidense en Oriente Medio y otro aparentemente en camino, y mientras el presidente estadounidense Donald Trump intensifica la presión sobre Irán para que abandone su programa nuclear, crecen los temores de que estalle otra guerra que podría convertirse en un conflicto regional.
La guerra de 12 días entre Israel e Irán, ocurrida el año pasado, pareció inutilizar elementos clave del ejército iraní, pero dejó sus capacidades lejos de estar neutralizadas, una distinción que cobra importancia a medida que las tensiones vuelven a aumentar.
Si las hostilidades estallan nuevamente, el riesgo de un conflicto prolongado más amplio se hace presente, en especial si los líderes iraníes consideran que la lucha es por su existencia misma.
Cielos abiertos
La guerra del 13 al 24 de junio comenzó cuando Israel lanzó ataques contra el programa nuclear iraní y altos oficiales militares. Estados Unidos se unió al conflicto y atacó tres instalaciones nucleares con enormes bombas de penetración profunda o “bombas antibúnker” lanzadas desde bombarderos B-2 con tecnología furtiva que volaron a su misión desde su base en Missouri, Estados Unidos.
Fue una decisión arriesgada para Trump, quien ha criticado a sus predecesores por involucrar a Estados Unidos en “guerras estúpidas”, pero Irán respondió débilmente con un limitado ataque con misiles contra una base militar estadounidense en Qatar, del que advirtió a Washington con antelación y que no causó víctimas. Teherán e Israel acordaron entonces un alto al fuego.
Israel logró debilitar de manera importante las defensas aéreas iraníes mediante ataques aéreos y encubiertos lanzados por equipos terrestres. Irán, presumiblemente consciente de que sus viejos cazas F-14 y MiG-29 no eran rival para los aviones estadounidenses con tecnología furtiva F-35 de quinta generación y otras aeronaves pilotadas por Israel, tampoco envió a su fuerza aérea a la acción.
Esto dejó el cielo despejado para que Israel lanzara oleadas de ataques, y para que Estados Unidos acometiera contra las instalaciones nucleares iraníes y abandonara el espacio aéreo de Irán sin que los bombarderos B-2 fueran atacados.
Si se reanudan las hostilidades, es probable que ese escenario se repita, dijo Sascha Bruchmann, analista de defensa del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, un grupo de investigación de seguridad internacional, riesgos políticos y conflictos militares con sede en Bahrein.
“En términos prácticos, en términos reduccionistas, el cielo está despejado para los aviones estadounidenses e israelíes”, destacó. “El problema es cómo defender la región de las represalias”.
Bruchmann agregó que, en caso de una guerra extendida, Irán probablemente contraatacaría y su objetivo serían las bases estadounidenses en la región, pero también podría arremeter contra infraestructura petrolera y colocar minas en el Estrecho de Ormuz, que une al golfo Pérsico con el golfo de Omán, y por donde se transporta aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial.
También podría intentar embestir a los portaaviones estadounidenses, aunque están bien defendidos por los destructores de sus grupos de ataque, añadió Bruchmann.
“Si el régimen mismo cree que su supervivencia está en juego, algo que no pensaba en junio del año pasado, pienso que la situación es diferente”, dijo. “Si tienes un… régimen que cree que está a punto de caer, ¿por qué te contendrías con las represalias?”.
El arsenal de misiles de Irán
Irán disparó cientos de misiles durante la guerra de 12 días y utilizó más de 1.000 drones de ataque, con los que mató a casi tres docenas de civiles israelíes e hirió a miles.
Danny Citrinowicz, investigador del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional, un grupo de expertos especializado en investigación y análisis en temas de políticas de seguridad con sede en Israel, y ex especialista en Irán de los servicios militares y de inteligencia israelíes, reportó que aún no está claro cuánta capacidad de misiles ha reconstruido Irán.
“Es posible ver, mediante imágenes satelitales, los intentos de reiniciar la fabricación”, manifestó, y añadió que las filtraciones del gobierno en medios israelíes sugieren que Israel asume que Irán aún conserva una cantidad importante de misiles balísticos de corto alcance.
Los ataques israelíes del año pasado se centraron en lo que las autoridades consideraron las amenazas más inmediatas —los misiles iraníes de mediano y largo alcance—, lo que dejó a Teherán con una capacidad reducida, pero lejos de ser eliminada, para amenazar a Israel. Su capacidad para atacar bases estadounidenses cercanas con misiles de corto alcance parece apenas disminuida.
“Los misiles balísticos de corto alcance no sufrieron ningún impacto significativo en la guerra de 12 días”, dijo Citrinowicz.
Las capacidades exactas de Irán se desconocen, pero se cree que aún cuenta con más de 1.000 misiles de largo alcance que podrían llegar a Israel, y varios miles de misiles de corto alcance que podría utilizar para atacar bases estadounidenses u otros objetivos cercanos, agregó Bruchmann.
Las reservas de misiles solo son importantes si un país conserva los sistemas para lanzarlos. Israel también eliminó muchos de los lanzadores iraníes, pero no pudo destruirlos por completo y es probable que Irán haya trabajado arduamente para reconstruir esa capacidad.
Lo que está en juego es muy diferente
El ejército de Irán supera ampliamente en número al de Israel, con alrededor de 600.000 soldados regulares y 200.000 en el grupo paramilitar Guardia Revolucionaria, incluida la Fuerza Quds, un grupo de élite.
En el pasado también han recurrido a fuerzas subsidiarias como Hamás, Hezbolá y los rebeldes hutíes en Yemen. No obstante, cada una de ellas se ha visto tan debilitada por los combates recientes que no se sabe si podrían —o estarían dispuestas— a ayudar a Irán desde Gaza, Líbano o Yemen.
Una amenaza mayor quizá provenga de las milicias vinculadas a Irán en Irak, que podrían amenazar a las fuerzas estadounidenses que se encuentran en ese país.
Israel cuenta con alrededor de 170.000 efectivos en servicio activo y otros 400.000 en la reserva. Pero, aunque su ejército es más pequeño, muchos de sus elementos se han curtido en batalla debido a los conflictos regionales y además tienen el equipo estadounidense y europeo más moderno, así como con una robusta industria de defensa nacional.
También tiene el apoyo de Estados Unidos, tanto con sus activos navales como con sus distintas bases en Oriente Medio, incluida la Base Aérea Al Udeid, en Qatar, que cuenta con miles de efectivos estadounidenses y es el cuartel general avanzado del Mando Central de Estados Unidos.
Pero más allá de comparar cifras y capacidades, Bruchmann dijo que, al pensar en un posible conflicto total, hay que analizar qué es lo que cada bando está dispuesto a arriesgar.
“Yo supongo que los estadounidenses intentan planificar para tener cero bajas”, señaló. “Estamos hablando de la supervivencia del régimen frente a una intervención con cero bajas, así que lo que está en juego es de una magnitud abismalmente distinta”.
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Metz informó desde Ramallah, Cisjordania.